¿Esperanza a pesar de todo?

La lista de crisis mundiales es larga: la crisis alimentaria, la crisis climática, la guerra, los conflictos militares y una crisis de confianza en los países liberal-democráticos ponen en peligro la perspectiva de un futuro mejor. Los habitantes del Sur Global, que se enfrentan a numerosas crisis, se ven especialmente afectados. ¿Cómo les va y qué rayos de esperanza se vislumbran en el horizonte?

Según la Organización Mundial del Hambre, más del 8% de la población mundial -673 millones de personas- sigue padeciendo hambre. La cifra mundial está descendiendo ligeramente, pero sigue estando por encima del nivel anterior a la pandemia. En cambio, la cifra en África y el Sudeste Asiático, incluida Camboya, sigue aumentando.

La manifestación de las crisis

El 70% de las personas que padecen hambre viven en regiones afectadas por conflictos. Las personas que viven en condiciones de inseguridad no pueden cultivar sus campos, lo que afecta gravemente a la producción de alimentos. Los fenómenos meteorológicos extremos están aumentando en el Sur global, destruyendo cosechas, poniendo en peligro los medios de subsistencia y cobrándose vidas. Esta situación amenaza con descontrolarse si la comunidad mundial no actúa con rapidez.

Las consecuencias económicas de la pandemia de coronavirus aún no se han superado en muchos países del Sur global, y los altos niveles de deuda nacional son una carga adicional. Los efectos de la guerra en Ucrania son especialmente notables en los países de renta baja. Los precios de los alimentos siguen siendo extremadamente altos. Las personas desplazadas por la guerra corren especial riesgo de padecer hambre y dependen cada vez más de la escasa ayuda humanitaria.

Un epicentro de la crisis

En la República Democrática del Congo, décadas de conflicto han provocado el desplazamiento de más de siete millones de personas dentro del país. Según el Centro de Acción Preventiva, más de 23 millones de personas -alrededor de una cuarta parte de la población- viven en una situación en la que no tienen seguridad alimentaria plena. Esto convierte a la RD del Congo en el país más afectado por la inseguridad alimentaria del mundo.

Una maldición en lugar de una bendición

Otro factor que agrava la crisis son los extensos yacimientos de tierras raras en el este del país. El comercio ilegal de estas materias primas también está financiando la guerra.
En lugar de beneficiarse de los ricos recursos minerales, la población corre el riesgo de verse expulsada de sus tierras y de sus asentamientos por la expansión de las minas. La creciente demanda de diversos metales -de hecho, la codicia por ellos- representa una trampa mortal para la población local que no puede superar por sí sola. Mientras haya actores internacionales implicados en este sistema, poco cambiará. Existen soluciones para detener el comercio ilegal, pero los acuerdos multilaterales han fracasado hasta ahora.

Círculo vicioso de dependencias

Blanchard Ayinza Boke, coordinador nacional de Connexio develop en la RD del Congo, resume así los efectos de la crisis mundial: El país depende en gran medida de las importaciones debido a la escasa producción nacional. Ciudades como Kinshasa dependen de las importaciones para la alimentación. Todo el país importa la mayoría de los productos industriales, ya que sólo existe un pequeño sector industrial. La crisis actual, que afecta también al precio de la gasolina y restringe el transporte de bienes y mercancías, repercute negativamente en la economía de la RD del Congo y en la situación social de su población.

Crisis en el sector humanitario

Las decisiones de la administración Trump han demostrado lo rápido que el sector humanitario puede caer en crisis, con el resultado de que las personas se quedan sin ayuda vital. Gabriel Dikete Otshudi, Coordinador de Salud de la Región Episcopal del Congo Central, informa sobre los efectos devastadores en los hospitales. Por ejemplo, faltan medicamentos contra el VIH e instalaciones para realizar las pruebas. El VIH no ha desaparecido en absoluto, pero las personas que viven con el virus corren ahora un riesgo especial. El Estado promete hacerse cargo de ciertos servicios, pero esta ayuda apenas se nota.

El Programa Mundial de Alimentos hace llamamientos urgentes de ayuda, pero tiene que decidir quién recibe ayuda y quién no por falta de fondos. Teniendo en cuenta que en todo el mundo se producen alimentos suficientes, cada muerte causada por el hambre es un escándalo intolerable. No sólo Estados Unidos, sino también muchos otros países han recortado sus presupuestos para la cooperación internacional.

Suiza piensa primero en sí misma

Suiza también ha seguido este camino: El presupuesto de que disponen las organizaciones de ayuda suizas se ha reducido en un 10,5%. La evolución de la situación en 2026 depende del Parlamento. Los políticos y la población de Suiza harían bien en destinar más, y no menos, fondos a la cooperación internacional. La seguridad sólo puede garantizarse a largo plazo a través de un mundo más justo e integrador.

Incluso con menos recursos, Connexio hope y Connexio develop quieren seguir trabajando lo mejor que puedan por un mundo más justo e inclusivo. El obispo Daniel Lunge Onashuyaka afirma que Connexio hope y Connexio develop son organizaciones pequeñas, pero su impacto en la República Democrática del Congo es grande.

Voces de esperanza

A la pregunta de qué le motiva a seguir trabajando por un mundo mejor a pesar de las muchas crisis, Blanchard Ayinza Boke responde: «Es la fuerte esperanza basada en la fe cristiana y en que la justicia, la verdad y el bien prevalecerán algún día sobre el mal. También es la oportunidad de trabajar en colaboración con actores internacionales como Connexio develop y tener un impacto, aunque sea a menor escala».»

Foto destacada: DRK - Mujeres de distintos grupos étnicos trabajan juntas en el campo a pesar de la guerra. Fotos: Fabrice Mbonankira | Connexio develop | Fairpicture
Largo sufrimiento
 

El este de la República Democrática del Congo sufre una grave crisis humanitaria caracterizada por la violencia continua, los desplazamientos y el fracaso sistémico del Estado. Durante décadas, numerosos grupos armados -incluidos los rebeldes del M23- han luchado por el control de zonas ricas en recursos en Kivu del Norte y Kivu del Sur. La población civil está pagando las consecuencias.

La guerra es un círculo vicioso de explotación de recursos, tensiones étnicas e intereses geopolíticos, mientras el mundo mira hacia otro lado. Iglesias como la Metodista están proporcionando ayuda de emergencia, pero los recursos distan mucho de ser suficientes.

 

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En la RD del Congo, los conflictos violentos, la inseguridad alimentaria extrema y la explotación de las materias primas ponen en peligro la vida de millones de personas. Las ayudas estatales apenas se notan y la financiación internacional se ha recortado.

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Ulrich Bachmann
Director General